Perú atraviesa una crisis energética centrada en el gas natural debido a una fuga detectada en el ducto de Camisea, que ha obligado a racionar el suministro a hogares y transporte público. Esta situación se agrava por el incremento del precio internacional del petróleo, impulsado por el conflicto en Medio Oriente entre Estados Unidos e Irán.
La ruptura del gasoducto de la Transportadora de Gas del Perú (TGP) ha dejado sin gas a cientos de estaciones de servicio que expenden Gas Natural Vehicular (GNV), lo que ha llevado a muchos usuarios a recurrir a la gasolina. Además, el precio del crudo ha subido un 10% y podría continuar su escalada si persiste el conflicto en la región, impactando en los costos de los combustibles en Perú.
El país importa cada vez más combustibles, por lo que cualquier aumento internacional se refleja en precios internos y en la inflación. Pedro Gamio, ex viceministro de Energía, indica que “se aprobó el Fondo de Estabilización de Precios, que ha llegado a subsidiar el mercado interno hasta en 20 mil millones de soles. Pero eso depende de la caja fiscal”.
Sobre la crisis del gas, Gamio señala que la fuga es un incidente puntual y no una falla estructural. Carlos Gallardo, gerente del Instituto Peruano de Economía, agrega que sin gas natural, la dependencia se trasladaría a centrales hidroeléctricas, vulnerables a fenómenos climáticos como sequías.
Para reforzar la seguridad energética, los especialistas proponen construir un ducto adicional de aproximadamente 200 km en la selva peruana, lo que permitiría mantener el flujo de gas si uno de los ductos falla. También sugieren acelerar la masificación del gas natural fuera de Lima, donde su uso es limitado.
Estas medidas buscan evitar interrupciones en el suministro y mitigar el impacto en los precios y la economía familiar.
Información basada en reportes publicados por Gestión.








