En medio de un conflicto que ya supera el mes, los iraníes intentan conservar su rutina diaria a pesar de la guerra que sacude el Medio Oriente. En Teherán, el parque Pardisan es un refugio donde padres y niños juegan al fútbol, familias disfrutan barbacoas y grupos de amigos se reúnen para pasar la tarde, mostrando un contraste con la violencia que afecta al país.
Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, han fallecido 3,530 personas en suelo iraní, entre ellas 1,606 civiles, cifra que refleja el impacto directo del conflicto en la población.
Alireza, un empleado administrativo de 44 años, comenta que aunque los bombardeos generan miedo, especialmente en su hija pequeña, continúa con las actividades habituales como ir al parque o a la montaña. Este hombre, partidario de la República Islámica, espera que Irán salga victorioso frente a Estados Unidos e Israel.
Alrededor de él, cientos disfrutan de la tarde soleada practicando deportes o haciendo picnics. Sin embargo, muchos evitan hablar con la prensa extranjera por temor a represalias, dadas las miles de detenciones relacionadas con supuestos colaboradores del enemigo.
Nasrin, una mujer de 39 años que juega a las cartas con amigos, admite que al inicio sentía miedo, pero ya se ha acostumbrado a la situación. A diferencia de Alireza, ella no apoya el sistema actual y desea cambios en el gobierno buscando “libertad y justicia”.
La guerra ha generado incertidumbre, pero para la mayoría de los iraníes, la vida debe continuar pese a las amenazas y la violencia constante.
Información basada en reportes publicados por Diario Libre.








