La guerra en Irán ha provocado un fuerte aumento en los precios de la energía, generando preocupación mundial por un impacto económico profundo. El crudo Brent subió de US$72 a casi US$120 por barril tras el inicio del conflicto, una alza que representa un choque energético de gran magnitud.
Este incremento ha generado incertidumbre sobre el crecimiento global, ya afectado por factores como la inteligencia artificial, aranceles y creciente deuda. Además, el cierre del estrecho de Ormuz ha elevado los costos del gas natural licuado, fertilizantes y combustibles para aviones, amenazando con crear nueva inflación y cuellos de botella en la producción industrial.
En respuesta, gobiernos y autoridades monetarias preparan medidas para suavizar el impacto. Entre las propuestas figuran liberar reservas estratégicas de petróleo, establecer topes a los precios de combustibles y ofrecer subsidios para empresas, agricultores y hogares. Corea del Sur, Reino Unido, Filipinas e India evalúan acciones específicas para sus economías.
Michael Brown, estratega senior de Pepperstone Group, señaló que «todas estas son soluciones temporales que pueden absorber parte del shock energético en el corto plazo, pero es poco probable que marquen una diferencia significativa a largo plazo si el conflicto se prolonga».
El Grupo de los Siete ha discutido la posibilidad de liberar reservas estratégicas conjuntamente para apoyar el suministro global. Aunque aún no se ha tomado una decisión, las autoridades monitorean la situación junto con la Agencia Internacional de Energía.
Por su parte, Estados Unidos anunció garantías de seguro y escoltas navales para proteger el paso de buques por el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte de petróleo.
Este escenario sigue en desarrollo y sus consecuencias económicas dependerán de la evolución del conflicto y de las medidas que adopten los países.
Información basada en reportes publicados por gestión.pe. Fuente original








